El costo de mantener las estaciones de gasolina abiertas las 24 horas se dispara y plantea nuevos desafíos para el sector
Antes de entrar en materia, queremos hacer una precisión importante: este artículo no busca asumir una postura política ni defender o cuestionar una administración de turno (saliente o entrante). En La Revista De Motos partimos de los datos divulgados por fuentes oficiales, gremiales y medios especializados para analizar una situación que, aunque parece exclusivamente económica, también puede terminar teniendo consecuencias para millones de motociclistas en Colombia.
Mantener una estación de servicio abierta las 24 horas, los siete días de la semana, no es simplemente mantener encendidas las luces y tener combustible disponible. Detrás de cada surtidor existe una operación que requiere trabajadores, turnos, recargos nocturnos, trabajo dominical y festivo, seguridad, energía, mantenimiento, sistemas de pago, vigilancia y toda una estructura que debe funcionar de manera continua.
Y precisamente allí aparece una de las principales preocupaciones del sector.

Operar 24/7 cuesta cada vez más
Un análisis presentado recientemente por la unión gremial Somos Uno muestra que el costo de mantener operativa una posición de atención (surtidor) durante las 24 horas aumentó 53,5 % entre julio de 2024 y julio de 2026, pasando de aproximadamente $1,18 millones a $1,81 millones semanales.
El dato resulta particularmente importante porque refleja lo ocurrido durante los dos últimos años, periodo en el que las estaciones han tenido que adaptarse a modificaciones en las condiciones laborales, reducción progresiva de la jornada semanal y mayores costos asociados al trabajo nocturno, dominical y festivo.
De hecho, el análisis gremial señala que el costo laboral de sostener una posición de atención continua ha crecido mucho más rápido que el margen reconocido para la comercialización minorista de los combustibles. La misma discusión ya había sido advertida años atrás por el sector, pero hoy adquiere mayor relevancia por la combinación de menores volúmenes de venta y mayores costos operativos.
En otras palabras: tener una estación abierta toda la noche puede ser cada vez más costoso, especialmente cuando el volumen de combustible vendido no alcanza para compensar esa operación.
El precio de la gasolina no es la ganancia de la estación
Aquí existe una confusión bastante común entre los consumidores.
Que la gasolina o el ACPM aumenten de precio no significa que todo ese incremento termine en los bolsillos del propietario de la estación de servicio.
El precio final del combustible incorpora diferentes componentes de la cadena: ingreso al productor, impuestos, transporte, distribución, márgenes y otros costos. La EDS (Estaciones De Servicio) recibe únicamente el margen correspondiente a su actividad de comercialización.
Según las cifras divulgadas por el gremio, el margen bruto minorista de la gasolina corriente es inferior al 6 %, porcentaje con el que debe cubrirse una operación mucho más amplia que simplemente vender combustible.
Por eso, dentro del sector existe una métrica particularmente importante: el costo por surtidor en servicio.
La lógica es sencilla. Una estación puede tener varios surtidores, pero cada uno requiere que detrás exista una estructura humana y operativa capaz de atenderlo. Si el volumen de combustible vendido por esa infraestructura disminuye mientras aumentan los costos laborales, energéticos, administrativos y de seguridad, la ecuación comienza a complicarse.
¿Y si cada vez se vende menos combustible?
Este es quizás el punto que más nos interesa analizar como medio especializado en motociclismo.
El problema no necesariamente está únicamente en cuánto cuesta operar una EDS y los nuevos recargos. También está en cuánto combustible está vendiendo.
Fendipetróleo ha advertido que los despachos de combustibles líquidos acumularon una disminución de 3,14 % entre 2022 y 2024, en un contexto marcado por mayores costos operacionales y administrativos.
A esto debemos agregar varios fenómenos que están transformando la movilidad colombiana.
Uno de ellos es la electrificación.
Durante 2025, Colombia registró 19.724 vehículos eléctricos nuevos, un crecimiento del 115 % frente a 2024. Y durante el primer semestre de 2026 la tendencia se aceleró todavía más: las matrículas de vehículos eléctricos llegaron a 24.477 unidades, con un crecimiento de 235,5 % frente al mismo periodo del año anterior.
Pero la transformación no ocurre únicamente con los automóviles.
También están creciendo las alternativas de micromovilidad, entre ellas bicicletas eléctricas, patinetas y motocicletas eléctricas. En Antioquia, por ejemplo, las ventas de patinetas y bicicletas eléctricas aumentaron 204 % durante el primer semestre de 2026, mostrando que para determinados trayectos urbanos existe una creciente disposición a utilizar vehículos que no necesitan gasolina.
Y aquí encontramos algo particularmente curioso: la velocidad con la que estos vehículos han ganado popularidad ha sorprendido incluso dentro del propio mercado de movilidad.

Las motos a gasolina tampoco se quedan quietas
Pero tampoco podemos afirmar que el motociclista tradicional esté abandonando masivamente la gasolina.
Todo lo contrario.
La industria de motocicletas continúa presentando modelos cada vez más eficientes, económicos y diseñados para recorrer grandes distancias utilizando muy poco combustible.
En Colombia, donde la motocicleta representa una herramienta de trabajo y movilidad para millones de personas, el consumo se ha convertido en un factor determinante a la hora de elegir una nueva moto.
Una motocicleta que permite recorrer más kilómetros con el mismo tanque puede representar un ahorro importante para un usuario que utiliza su vehículo todos los días.
Por eso encontramos una paradoja interesante: los combustibles son más costosos, pero las motocicletas también son cada vez más eficientes.
Y eso puede modificar la frecuencia con la que un usuario visita una estación.
Una nueva cultura alrededor del combustible
Existe otro factor que consideramos necesario poner sobre la mesa: la cultura de consumo.
Cuando llenar el tanque se vuelve considerablemente más costoso, algunos usuarios comienzan a modificar sus hábitos.
No necesariamente dejan de utilizar su vehículo, pero pueden utilizarlo menos.
Una persona puede decidir utilizar transporte público algunos días de la semana, compartir desplazamientos, caminar determinados trayectos o simplemente dejar el automóvil o la motocicleta estacionados cuando el recorrido no sea indispensable.
Esto ocurre independientemente de las restricciones de pico y placa.
La diferencia es que ahora aparece un elemento adicional: el costo de movilizarse.
Y si miles de usuarios realizan pequeñas modificaciones en sus hábitos, el efecto acumulado puede terminar reflejándose en el volumen de combustible comercializado.
El problema para el motociclista puede aparecer de noche
Aquí es donde una discusión aparentemente empresarial puede convertirse en una preocupación para nosotros como motociclistas.
En las grandes ciudades probablemente existan diferentes alternativas. Pero ¿qué ocurre en municipios pequeños, corredores rurales o carreteras donde existen pocas estaciones de servicio?
Para un motociclista que comienza su jornada muy temprano o termina de trabajar después de medianoche, encontrar una EDS abierta puede ser fundamental.
No todos los usuarios tienen la posibilidad de modificar sus horarios.
Hay trabajadores que salen de casa a las 4:00 o 5:00 de la mañana. Otros terminan su jornada cuando ya es de noche. Repartidores, personal de vigilancia, trabajadores de salud, transportadores y muchas otras personas dependen de poder abastecer su motocicleta prácticamente a cualquier hora.
Por eso, si algunas estaciones comienzan a reducir sus horarios, el verdadero problema no necesariamente será llenar el tanque todos los días, sino qué ocurre cuando aparece una emergencia o una necesidad inesperada de combustible.
Una menor cantidad de estaciones de gasolina abiertas durante la madrugada puede significar mayores desplazamientos para encontrar combustible disponible.
¿Cerrar algunos surtidores podría ser una alternativa?
Ante este panorama, una de las posibilidades que podría tomar fuerza es optimizar la operación sin necesariamente apagar completamente una estación.
Por ejemplo, algunas EDS podrían mantener el servicio nocturno pero con menos surtidores activos, reduciendo personal y costos cuando la demanda sea baja.
La idea no sería desaparecer el servicio 24/7, sino adaptarlo a la demanda real de cada punto.
Una estación ubicada sobre una carretera nacional, con tráfico permanente, tendrá una realidad muy diferente a otra localizada en un municipio donde después de determinada hora prácticamente no existen clientes.
El futuro podría estar precisamente en esa capacidad de ajustar la operación.
La estación de servicio del futuro podría vender mucho más que gasolina
Y aquí aparece una alternativa especialmente interesante.
Las estaciones de servicio ya comenzaron a convertirse en espacios de movilidad mucho más amplios.

La instalación de electrolineras o puntos de carga para vehículos eléctricos puede permitir que una EDS comience a atender a los usuarios que están dejando atrás el combustible tradicional.
Terpel, por ejemplo, ya cuenta con infraestructura de carga eléctrica en estaciones de servicio y ha desarrollado una estrategia de movilidad eléctrica que incluye carga para automóviles.
Pero hay un ejemplo todavía más cercano al mundo de las dos ruedas.
En 2024, Terpel Voltex puso en marcha junto con Gogoro un sistema de intercambio de baterías para motocicletas eléctricas, inicialmente en estaciones de servicio de Bogotá. La tecnología permite sustituir una batería descargada por otra cargada en cuestión de segundos.
La propia compañía reportó posteriormente una expansión de esta infraestructura y el crecimiento del ecosistema de intercambio de baterías en Colombia.
Esto nos permite imaginar una estación de servicio completamente diferente dentro de algunos años: un lugar donde un usuario pueda tanquear gasolina, otro pueda cargar su automóvil eléctrico y un motociclista pueda intercambiar la batería de su moto.
No se trata de gasolina contra electricidad
Para La Revista De Motos, la discusión no debería plantearse como una guerra entre combustibles y electricidad.
La realidad será mucho más diversa.
Durante muchos años seguiremos teniendo motocicletas de gasolina, automóviles de combustión, vehículos híbridos, motos eléctricas y nuevas formas de movilidad compartiendo las mismas calles.
El desafío para las estaciones será encontrar la manera de atender a todos esos usuarios de forma rentable.
Y eso podría significar que una Estación de Gasolina o EDS del futuro tenga que ganar menos dependiendo exclusivamente de los galones vendidos y comenzar a generar ingresos por otros servicios: carga eléctrica, intercambio de baterías, tiendas, mantenimiento, servicios para motociclistas y nuevas soluciones de movilidad.

El reto es mantener el servicio y los empleos
Desde nuestra perspectiva, la discusión más importante no debería ser simplemente si una estación puede o no trabajar 24 horas.
La pregunta es cómo hacer sostenible ese servicio sin poner en riesgo los empleos que genera ni dejar desatendidos a los usuarios que dependen de él.
El sector reportó que entre 2022 y 2025 los empleos en estaciones de servicio pasaron de aproximadamente 52.600 a 68.000, mientras que la informalidad laboral disminuyó y los ingresos reales de los trabajadores también mejoraron.
Es decir, detrás de cada surtidor también existen miles de familias.
Por eso, desde La Revista De Motos creemos que la discusión debe hacerse con datos y pensando en el futuro.
El motociclista necesita combustible disponible cuando lo requiere. Las estaciones necesitan ser económicamente sostenibles. Los trabajadores necesitan conservar sus empleos y recibir condiciones laborales dignas. Y el país, al mismo tiempo, está avanzando hacia nuevas formas de movilidad.
El reto será conseguir que todas estas realidades puedan convivir.
Porque quizás la estación de servicio del futuro ya no sea solamente el lugar donde vamos a tanquear.
Podría convertirse en el lugar donde abastecemos nuestra forma de movernos, sin importar si llegamos con un tanque de gasolina, una batería o una nueva tecnología que todavía ni siquiera conocemos.



