Antes de comenzar, hay que dejar algo claro: esto es simplemente una cuestión de opinión. Las pantallas TFT han significado uno de los avances más importantes en la instrumentación de las motocicletas modernas y sería absurdo negar sus enormes posibilidades. Sin embargo, entre tanta tecnología, quizá estamos dejando atrás algo que también hacía especiales a nuestras motos en esta lucha entre tableros vs pantallas: la identidad.

La era de los tableros que tenían personalidad
Durante muchos años, el tablero de una motocicleta fue mucho más que un elemento encargado de mostrar la velocidad, las revoluciones o el nivel de combustible. Era parte de su diseño y, en muchos casos, bastaba con verlo para saber qué moto teníamos delante.
Las marcas se esforzaban por crear instrumentos que fueran funcionales, armoniosos y característicos, buscando que combinaran con la personalidad de cada modelo.
¿Quién no recuerda, por ejemplo, los característicos instrumentos de la Suzuki Hayabusa, con sus cuatro relojes y esa apariencia tan propia de una motocicleta que se convirtió en un icono? Algo similar ocurría con la Yamaha R6, cuyo cuadro de instrumentos transmitía inmediatamente esa sensación de máquina deportiva.

También están los particulares tableros de las BMW R1200GS, que durante años evolucionaron sin perder completamente ese carácter propio, o, en un segmento completamente diferente, el curioso instrumento de la Royal Enfield Himalayan 411, que incluso incorporaba una brújula como parte de su propuesta aventurera.

Eran tableros que también formaban parte de la experiencia de conducir. Tenían formas, colores, agujas, tipografías y distribuciones propias. Algunos podían parecer sencillos frente a los estándares actuales, pero tenían algo difícil de medir en una ficha técnica: personalidad.
Las TFT cambiaron las reglas
Las pantallas TFT llegaron para cambiar completamente este panorama, y hay que reconocer que sus ventajas son enormes.
En un solo panel podemos encontrar información que antes habría requerido varios instrumentos: velocidad, revoluciones, consumo, autonomía, temperatura, modos de conducción, presión de los neumáticos, configuración de suspensiones electrónicas, navegación, conectividad con el teléfono, música, llamadas y hasta información procedente de sistemas electrónicos mucho más complejos.

Además, permiten modificar la apariencia de la instrumentación dependiendo del modo de conducción. Una misma motocicleta puede mostrar una configuración enfocada en carretera, otra para conducción deportiva y otra para aventura.
Desde el punto de vista tecnológico, es difícil argumentar en contra de ellas.
El problema aparece cuando comenzamos a mirar más allá de la tecnología.
¿Un tablero para cada moto o una misma pantalla para todas?
Una de las sensaciones que dejan algunas motocicletas actuales es que estamos entrando en una especie de tendencia de copiar y pegar.

Cambian las formas exteriores, los motores, los chasis y las suspensiones, pero nos sentamos sobre diferentes motocicletas y encontramos interfaces que empiezan a parecerse demasiado entre sí.
Rectángulos, gráficos digitales, menús, iconos y diferentes configuraciones que, aunque pueden ser muy completos, terminan haciendo que la instrumentación pierda parte de ese carácter que antes tenía.
Pero también aparece una pregunta: ¿realmente necesitamos tanta información cuando estamos sobre una motocicleta?
Queremos viajar, no llevar una tablet
La motocicleta siempre ha tenido una relación especial con la desconexión.
Subirse, arrancar el motor, salir a carretera y olvidarse durante un momento del teléfono, los correos, las reuniones y los compromisos. Precisamente por eso resulta curioso que, mientras buscamos motocicletas para escapar de la rutina, algunas de ellas comiencen a convertirse en auténticos centros digitales.

Llamadas, mensajes, música, notificaciones, navegación, aplicaciones…
Por supuesto, muchas de estas funciones pueden ser útiles y, en determinadas circunstancias, incluso mejorar la seguridad y la experiencia de viaje. El problema no está en que existan, sino en hasta dónde queremos llevarlas.

Tableros vs Pantallas, la tecnología no debería borrar el carácter
No se trata de pedir que desaparezcan las pantallas TFT ni de regresar obligatoriamente a los relojes analógicos. La tecnología seguirá evolucionando y probablemente veremos sistemas cada vez más sofisticados.
La verdadera discusión es otra: ¿podemos tener toda esa tecnología sin sacrificar la personalidad?
Una TFT también puede tener identidad. Una marca puede diseñar una interfaz única, reconocible y coherente con cada motocicleta. Puede aprovechar las posibilidades digitales sin hacer que todas las motos parezcan utilizar exactamente el mismo tablero.
Porque al final, una motocicleta no debería sentirse como un dispositivo electrónico al que simplemente le agregaron dos ruedas.
Aquellos antiguos tableros tenían defectos, ofrecían menos información y hoy pueden parecer rudimentarios. Pero también tenían algo especial: cuando los veíamos, sabíamos qué motocicleta estábamos mirando.
Y quizá eso es algo que no deberíamos perder en nombre de la tecnología.
¿Y ustedes qué opinan?
¿Qué tablero de motocicleta recuerdan especialmente por su diseño o personalidad?
¿Prefieren los modernos TFT, con toda su tecnología y posibilidades, o siguen disfrutando más de aquellos antiguos tableros analógicos y digitales que tenían una identidad propia?






