Hoy vamos a compartir este texto que es una reflexión muy acertada del mercado colombiano, en lo que a motociclismo se refiere. Dany Fernández, es un viejo conocido de La Revista De Motos, siempre vinculado al motociclismo y ahora como abogado y observador del mercado, nos hace llegar una nota muy valiosa, pues nos recuerda que el motociclismo es más que potencia, velocidad final y cifras de ventas, sin faltar al respeto de quienes hacen parte del gremio, ni mucho menos a la F2R, consideramos que este contenido puede ayudar a cambiar la percepción de muchos en el sector.
Disclaimer: Este artículo nace desde una reflexión personal construida a partir de la experiencia directa dentro del mercado del motociclismo colombiano. Quien escribe lleva más de veinte años conduciendo motocicletas, ha participado durante años en dinámicas comerciales del sector, incluyendo importación directa de motocicletas y cuatrimotos, apertura de tiendas de marcas reconocidas y relacionamiento permanente con distintos actores de la industria. En consecuencia, lo expuesto a continuación tiene fundamento no sólo en datos estadísticos y análisis teóricos, sino también en la experiencia práctica y observacional acumulada durante años dentro del ecosistema motociclista. Las opiniones aquí expresadas se encuentran amparadas por la libertad de expresión y opinión, y no comprometen la posición editorial del medio que publica este artículo.
De la F2R, la Pasión, y otros Demonios
Por Dany Fernández
Acaba de terminar una nueva edición de la Feria de las 2 Ruedas en Medellín. Y, como cada año, el balance oficial habla de éxito absoluto: miles de visitantes, negocios multimillonarios, ocupación hotelera elevada, lanzamientos, alianzas comerciales y un impacto económico que confirma algo que hace tiempo dejó de ser discutible: el motociclismo es una de las industrias más poderosas y culturalmente influyentes de Colombia.

Y sí, lo es
La Feria de las 2 Ruedas nació en 2006 como una plataforma empresarial y comercial orientada a consolidar el mercado motociclista colombiano. Con el tiempo evolucionó hasta convertirse en uno de los eventos más importantes de América Latina para la industria de las dos ruedas. Hoy la feria ya no sólo reúne marcas: reúne estilos de vida, identidades, aspiraciones y narrativas culturales completas.
Pero precisamente allí empieza la conversación incómoda. Porque la F2R dejó hace mucho tiempo de ser únicamente una feria de negocios. La feria es, probablemente, la representación más clara de lo que significa hoy la motocicleta para Colombia.

Y la motocicleta, en Colombia, dejó hace años de ser simplemente un vehículo. Para millones de personas representa trabajo. Para otros, independencia. Para muchos, movilidad social. Para algunos, estatus. Para otros, poder. Libertad, velocidad, identidad, masculinidad, pertenencia, prestigio, incluso éxito.
Las marcas lo entendieron hace tiempo
Por eso la mayoría de campañas publicitarias del sector dejaron de vender únicamente especificaciones técnicas y empezaron a vender emociones. Aventuras, dominio, exclusividad, adrenalina, libertad absoluta. La moto ya no se comercializa sólo como un medio de transporte; se vende como una extensión de la personalidad.
Y el mercado respondió
De acuerdo con cifras de la Alcaldía de Medellín y distintos reportes del sector automotor, actualmente circulan cerca de 14 millones de motocicletas en Colombia, representando aproximadamente el 63 % del parque automotor nacional. A su vez, cifras de la industria muestran que durante 2025 se comercializaron más de 1,1 millones de motocicletas nuevas en el país, consolidando a Colombia como uno de los mercados motociclistas más grandes de América Latina.
Ese crecimiento explica también algo que durante años resultó curioso dentro del propio sector: hubo momentos en los que algunas grandes marcas tradicionales decidieron reducir o incluso suspender temporalmente su presencia dentro de la feria. ¿La razón? Desde una perspectiva puramente comercial, muchas veces las ventas generadas directamente en los concesionarios y almacenes superaban ampliamente las ventas realizadas durante el evento, haciendo difícil justificar los enormes costos de participación.
Y allí apareció una transformación silenciosa pero fundamental
La F2R dejó de ser simplemente un espacio para vender motos. La feria se convirtió en una plataforma de posicionamiento emocional de marca. Por eso hoy los stands parecen experiencias sensoriales completas: DJs, iluminación cinematográfica, pantallas gigantes, simuladores, experiencias inmersivas, juegos, motocicletas exhibidas como piezas de arte y lanzamientos diseñados para generar deseo inmediato. Y está bien. Ese es el deber ser del marketing moderno. Las marcas compiten por atención, por recordación y por permanencia dentro de un mercado cada vez más saturado.
Colombia democratizó el acceso a la motocicleta. Pero no democratizó, al mismo ritmo, la formación vial
El problema empieza cuando esa expansión comercial y aspiracional ocurre paralelamente a otra realidad mucho menos atractiva: el crecimiento sostenido de la accidentalidad vial con motociclistas involucrados. Según cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial y reportes recientes de autoridades nacionales, los motociclistas continúan representando el grupo más afectado dentro de la mortalidad vial colombiana. Solo durante el primer trimestre de 2026, más de 1.400 motociclistas fallecieron en accidentes de tránsito en el país. La tendencia de los últimos años evidencia una relación proporcionalmente preocupante: a mayor crecimiento del parque motociclista, mayor crecimiento de víctimas fatales.
Y esto no puede analizarse únicamente desde la irresponsabilidad individual del conductor.
Reducir el problema a frases como “el motociclista es imprudente” resulta jurídicamente pobre, socialmente insuficiente y peligrosamente cómodo.

Porque el fenómeno es mucho más profundo
Colombia democratizó el acceso a la motocicleta. Pero no democratizó, al mismo ritmo, la formación vial, la cultura de conducción segura ni la comprensión real del riesgo. Ese vacío hoy es evidente.
Basta recorrer la F2R actual para entender hacia dónde se mueve el mercado. Nuevas marcas. Nuevas tecnologías. Más diseño. Más cilindrada. Más prestaciones. Más potencia.
El problema aparece cuando la potencia entra en contacto con una cultura vial débil y con un ecosistema digital que constantemente premia la espectacularización del riesgo
Y aquí aparece otro punto que merece ser discutido con honestidad
Durante años, las motocicletas de altas prestaciones fueron productos relativamente inaccesibles para el consumidor promedio colombiano. Hoy no. Actualmente existen motocicletas de dos, tres y hasta cuatro cilindros a precios mucho más alcanzables que hace una década. Máquinas desarrolladas con millones de dólares en investigación e ingeniería, diseñadas para entregar velocidades finales impresionantes, aceleraciones agresivas y sensaciones de conducción extraordinarias.
la exposición constante a contenidos donde el riesgo es normalizado termina afectando la percepción colectiva del peligro
Y claro que eso apasiona. Porque las motos apasionan
El problema no es la tecnología. El problema tampoco es la potencia. El problema aparece cuando la potencia entra en contacto con una cultura vial débil y con un ecosistema digital que constantemente premia la espectacularización del riesgo. Ahí es donde el crecimiento explosivo de los generadores de contenido relacionados con motociclismo adquiere relevancia. Las redes sociales transformaron completamente la manera en que se consume la cultura motera. Hoy el motociclismo ya no se vive únicamente en las calles: también se vive en algoritmos.

Velocidad, aceleraciones, “tops”, maniobras peligrosas, escapes modificados, persecuciones de adrenalina y contenido cada vez más extremo generan visualizaciones, engagement y posicionamiento digital. Y aunque no puede afirmarse irresponsablemente que exista una relación causal automática entre creadores de contenido y accidentalidad vial, sí existe una realidad imposible de ignorar: la exposición constante a contenidos donde el riesgo es normalizado termina afectando la percepción colectiva del peligro, especialmente entre conductores jóvenes. Mientras tanto, las campañas institucionales de seguridad vial siguen siendo profundamente insuficientes.
Y aquí aparece la reflexión más importante de este artículo
Este no es un ataque contra la F2R. Tampoco contra las marcas. Mucho menos contra el motociclismo. Sería absurdo. Quienes realmente aman este mundo saben perfectamente lo que representa una motocicleta en la vida de millones de personas.
El público no conecta emocionalmente con campañas preventivas tradicionales
Precisamente por eso esta discusión resulta necesaria
Porque ya es momento de que el ecosistema motociclista colombiano entienda que la seguridad vial no puede seguir siendo un accesorio decorativo dentro del negocio. No basta con instalar un stand institucional de la Agencia Nacional de Seguridad Vial dentro de la feria. Hay que ser honestos: la mayoría de asistentes pasa por esos espacios únicamente si están regalando algo.
El público no conecta emocionalmente con campañas preventivas tradicionales porque toda la experiencia general del evento empuja exactamente hacia el lado contrario: emoción, potencia, velocidad, deseo y adrenalina.
Y allí existe una responsabilidad colectiva que debe empezar a asumirse seriamente
La F2R tiene hoy suficiente legitimidad, influencia y alcance para convertirse en la plataforma de seguridad vial más poderosa de América Latina si realmente quisiera hacerlo. Las marcas también. Los importadores también. Los creadores de contenido también. Incluso los vendedores de piso. Porque el vendedor que únicamente habla de caballos de fuerza, torque y velocidad final está respondiendo a lo que el consumidor quiere escuchar, sí, pero también participa indirectamente en la construcción cultural del motociclismo moderno.
Y aquí el derecho tiene algo importante que decir
La Constitución Política colombiana no solamente protege la libertad económica y la iniciativa privada. También establece principios de responsabilidad social empresarial y protección de la vida como valor superior del ordenamiento jurídico. En otras palabras: ningún mercado puede abstraerse completamente de los impactos sociales que produce. Y el motociclismo colombiano ya no es un nicho pequeño. Es un fenómeno nacional.

Por eso tal vez llegó el momento de evolucionar la conversación
Quizá el verdadero futuro del motociclismo colombiano no dependa únicamente de cuántas motos más logremos vender, ni de cuántos visitantes más entren a la feria, ni siquiera de cuántas marcas nuevas lleguen al país.
Tal vez el verdadero reto esté en construir una cultura motociclista donde la pasión por las motos no implique normalizar la muerte de quienes las conducen.
Porque al final, ninguna cifra de ventas puede celebrar plenamente un mercado que sigue perdiendo a miles de sus propios usuarios cada año.





